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  Entre Líneas
Diez millas en la frontera
Jue Mar 10 2011 06:25:21

Nunca es tarde para empezar; es uno de los muchos consejos que se dicen fácil pero que cómo cuestan llevarlos a la práctica. Hace algunas semanas nuevamente me di cuenta de ello, al aceptar un reto que nunca jamás, siquiera me había pasado por la cabeza: prepararme para correr un maratón.

Sí, seguramente en algún momento de mi vida, me dije “como se sentirá competir en una carrera.” Después fui reduciendo las expectativas, “debería hacer más ejercicio” y eventualmente me resigne hasta convertirme en hábil pero mero espectador de espectáculos deportivos.

El tiempo, el trabajo, las obligaciones encontraban siempre la forma de ir desplazando de la lista de prioridades a la actividad física. Hasta que en una reunión con colegas durante una de las múltiples tertulias decembrinas, salió a relucir la inevitable conversación sobre las resoluciones para el año nuevo. Yo quise evitar el tema, pero no pude y cuando menos me di cuenta, el planteamiento ya estaba hecho: “¿y si corremos un maratón...?”

Lo único que sabia de los maratones era que el primer tipo, según cuenta la leyenda, que corrió las primeras 26 millas y 385 yardas, era un mensajero griego que había sido obligado a correr desde Maratón a Atenas, para anunciar que la invasión persa estaba por iniciar en la Grecia antigua. El mensajero, exhausto, entregó las noticias y murió inmediatamente después de haber logrado la exagerada hazaña.

“¿Yo correr un maratón?, imposible”, recuerdo haberle dicho a mis colegas. Pero me contestaron, “y que tal si lo hacemos para recaudar fondos para cubrirle becas a estudiantes indocumentados.” No pude decir que no. “ya veremos” dije, pensando que con el tiempo la idea se perdería, no fue así; la cosa iba en serio.

Empecé a entrenar. Primero corrí una milla pensando que seria pan comido, me equivoque tremendamente. Sentí el corazón en llamas, ardiendo a punto de estallarme dentro del pecho, bofeado y lleno de vergüenza me quise dar por vencido, pero insistí. Me compre un par de tenis diseñados para correr y me pase varias noches en vela, revisando todos los sitios de Internet habidos y por haber dedicados a las carreras de larga distancia.

Incremente la distancia, mejoré mis tiempos y eventualmente llegué ante un reto impensable a penas hace tres meses: correr 10 millas.

El grupo con el que entreno, escogió un tramo relativamente fácil para correr las primeras 10 millas. Desde el centro comercial de Plaza de las Américas muy cerca de la Garita Internacional de San Ysidro hasta la entrada al Parque Estatal Fronterizo, siguiendo el cauce del Río Tijuana, paralelo al muro fronterizo.

Es una área altamente militarizada, donde los patrullajes de la migra son constantes. Iba apenas en la cuarta milla, cuando de pronto una unidad de la Patrulla Fronteriza me hizo el alto, yo seguí corriendo, el agente hecho su unidad en reversa y me preguntó que si era parte del grupo de corredores, sin interrumpir mi ritmo le conteste que sí y seguí corriendo.

No conforme con mi respuesta, el agente agresivamente, casi arrollándome, me cerró el paso con su patrulla. Con mucho coraje le dije de todo, el agente O. Álvarez, para variar de apellido latino, se bajó de su vehículo con aire de déspota y me amenazó con detenerme si no le contestaba sus preguntas. El uniformado quería saber donde había nacido. En ese mismo instante, un pelotón de ciclistas, todos anglosajones pasaban por la calle sin que nadie les llamara la atención, el color de la piel vale mucho en la frontera.

El agente O. Álvarez insistió con sus preguntas, con inglés marcado por un claro acento de español, me insistió “where were you born, answer me now,” le quise decir muchas cosas, pero le conteste en inglés, “I was born here”, sin especificar coordinadas o naciones. No mentí, yo nací en la frontera.

El agente me dejó ir y proseguí mi camino hasta terminar las primeras 10 millas que haya corrido en mi vida. En abril me espera el medio maratón y espero que la migra no se me vuelva a meter en el camino, pero lo dudo, vivo en la frontera y aquí los mexicanos, inclusive cuando estamos haciendo deporte, siempre somos sospechosos.



 
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