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¿Es su hijo un "bully"?
Lun Mar 7 2011 10:16:44

“La violencia, en el fondo, nace de la cobardía”: Mahatma Gandhi

Ayer domingo, Día Nacional de la Familia -como si hiciera falta una fecha para celebrarlo-, millares de escolares no tuvieron motivo alguno para festejar, pues sabían que hoy lunes tendrían que regresar a la escuela a capotear las burlas, los empellones, la intimidación y en general el hostigamiento de sus condiscípulos “bullies” o “gandallas”, esa estirpe de alumnos nefastos que para sobresalir acosan a sus compañeras y compañeros de clase aparentemente más vulnerables.

Tal tipo de acoso y violencia escolar es el modus vivendi del llamado bully, que logra amedrentar a la víctima abusando del poder, imaginario o real, de su fuerza física.

Como éste no es un tratado ni un ensayo sociológico sobre la problemática descrita, limitémonos a exponer el tipo de daño que causa y los riesgos para el sujeto maltratado, quizá esbozando también alguna solución.

El “bullyining” o “gandallismo” genera una serie de graves secuelas psicológicas en la víctima, que vive aterrorizada con la idea de asistir a la escuela, provocándole nerviosismo, angustia, impotencia y soledad en su vida diaria. Y en ciertos casos, frecuentemente cuando ni padres ni maestros lo han advertido, el rigor de la situación acarrea pensamientos suicidas que, con mucha más frecuencia de la deseada, se materializan en inmolaciones tan prevenibles como innecesarias.

El bully, también llamado acosador escolar, espécimen que medra prácticamente en los planteles educativos de todo el mundo, obtiene de su conducta una ganancia. Al someter física, emocional e intelectualmente a su víctima, este sujeto satisface una necesidad urgente de agredir y destruir para obtener el reconocimiento de los demás, del que carece.

Y con frecuencia, los “beneficios” no tardan en concretarse, pues el bully rápidamente se convierte en líder al rodearse de una pandilla de acosadores que se adueñan del ámbito escolar, con la omisión cómplice de maestros y el desconcierto e incapacidad de los padres de familia para detener estos excesos.

Pero los bullies son en realidad más cobardes que sus perseguidos, pues se abstienen de meterse con otros alumnos que pudieran rechazar violentamente sus intentos de abuso. Tampoco permiten que ciertos compañeros o compañeras participen en posiciones importantes en actividades deportivas, pues saben que, al excluirlos, ellos seguirán siendo las estrellas del equipo.

La solución, por más sencilla que a algunos pudiera parecerles, es sumamente complicada, pues el bullying o gandallismo se ejerce casi siempre de manera soterrada, agravante que impide a la víctima denunciar el abuso por temor a que éste se recrudezca.

El acosador, o “niño tirano”, no obstante, padece usualmente alguna psicopatología o trastornos serios de personalidad, como distorsión de la realidad y carencia absoluta de empatía, anormalidades propias de un niño intolerante a la frustración, educado en la permisividad e incapaz de armonizar sus derechos con los de los demás.

En España, la ONG Protégeles ha creado, junto con el Defensor del Menor, una línea telefónica de ayuda contra el acoso escolar tripulada por un equipo de psicólogos y expertos en seguridad infantil. En Estados Unidos y otros países europeos han proliferado también organizaciones que buscan detener esta lacra social; sin embargo, en ningún país ha podido ser erradicada.

El tema incluso ha sido abordado a nivel mundial. Sonia Elijach, asesora para Latinoamérica en protección de los derechos humanos de la UNICEF, afirmó que “los actos de discriminación y violencia en las escuelas deberían (obligarnos a impedir que ir a clases) signifique maltrato y discriminación”.

La buena noticia -ni tan buena, sin embargo, pues el gandallismo está hoy sumamente vigente-, es que el asunto está ya sobre la mesa de la discusión y hay expertos abordándolo. La mala, es que ha permeado a los ambientes corporativo y gubernamental, y se ha incrustado en las comunicaciones por Internet.

Pero ¿qué hay que hacer? Primero, no olvidar que, como los bulldogs, los gandallas o bullies huelen el miedo. Segundo, tener siempre presente que perro no come perro.

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