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Arrieros somos...
Jue Mar 3 2011 07:41:28

La semana pasada fue aprobada la nueva Ley de Migración que sigue siendo objeto de controversia. Por una parte, está un triunfalismo en las declaraciones de algunos legisladores que han aparecido magnificadas en varios medios, tanto electrónicos como impresos. Por otra parte, el trabajo legislativo del que se derivará la versión final de la nueva ley está aún incompleto, no obstante los avances muy importantes de la versión aprobada por el Senado. Para empezar, no se ha incluido la menor mención a un reglamento de la nueva ley, sin el cual es imposible hacer una evaluación objetiva de la manera en que será puesta en práctica. La mención de esta omisión no quiere decir de ninguna manera que las modificaciones aprobadas por el Senado no representen un avance significativo en el reconocimiento del Estado mexicano de los derechos humanos de los migrantes. El planteamiento que hago de ésa y otras omisiones tiene la intención de hacer una crítica constructiva que permita completar de una manera que resulte consistente con el consenso sobre derechos humanos de la comunidad internacional pues, como diría Cuco Sánchez, arrieros somos y en el camino andamos. Con este entendimiento, el consenso de la nueva ley con la comunidad de organizaciones no gubernamentales que representan a la sociedad civil en México debe ser considerada como indispensable.

Un mínimo reconocimiento de lo que implica un proceso legislativo en un sistema democrático es la aceptación de la crítica constructiva como insumo de todo proceso legislativo. Es con esa intención que deben de entenderse los planteamientos que se hacen aquí sobre la falta de un reglamento y de su debate, antes de presentar la versión final para la firma promulgatoria del presidente de la República. En ese contexto debe considerarse otra omisión. Ésta consiste en la ausencia de referencia a la emigración como parte integral del fenómeno migratorio, no sólo por la importancia de las remesas de los migrantes, vistas desde una perspectiva binacional en su origen y destino, sino del supuesto desde el cual deben de partir esas dos dimensiones. Éste es, que se trata del manejo de unos dineros que son propiedad exclusiva de los migrantes. Esto quiere decir que nadie tiene derecho a decidir sobre su manejo, así sea éste de lo más parcial, sin el consentimiento expreso de sus legítimos propietarios. Esta noción incluye el derecho que adquieren los destinatarios a partir del momento en que así son designados por la voluntad expresa de los dueños originales de las remesas. Un entendimiento claro de la historia y de la práctica de la naturaleza bilateral, no sólo de las remesas, sino de todo el fenómeno migratorio, será la condición sine qua non de no dejar omisiones ni lagunas en la culminación del proceso legislativo, hasta llegar a la promulgación de una Ley de Migración. Mientras tanto, debemos evitar los triunfalismos y las condenas anticipadas mientras no se cubran todos los pasos que le corresponden como proceso legislativo.

Paso ahora a lo que está ocurriendo en Arizona. La discusión de una nueva Ley de Migración en México tiene que darse sin perder de vista lo que ocurre en Arizona y en el resto del contexto político del tema migratorio en Estados Unidos. Como lo he anticipado en textos anteriores, la situación de los migrantes mexicanos en Estados Unidos estará empeorando antes de que empiece a mejorar, aunque esto último tiene que verse como algo muy distante; es decir, algo que no ocurrirá hasta después de 2012, en que concluya o se reinicie la administración del presidente Obama y, en México, se inicie otra administración presidencial. Mientras tanto, no debe quedar paralizada, ni la acción del gobierno de México, ni la de su sociedad civil, tanto a nivel nacional como regional; muy en particular la del estado de Sonora en su relación con el estado de Arizona. Es obvio que son los sonorenses los principales afectados por lo que se les pueda ocurrir en Arizona como migrantes o como consumidores de productos y servicios en ese estado vecino del norte. Tenemos que pensar con imaginación y, sobre todo, con dignidad, en lo que podemos hacer desde México para contrarrestar esa agresividad creciente -primero con la SB1070 y ahora con la SB1611-. Más podemos hacer los mexicanos como nación y como región si entendemos que esas agresiones son contra todos los mexicanos, pues tanto los de allá como los de acá descendemos de lo mismo. Acá podremos tener desigualdades y diferencias entre unos y otros; pero en Estados Unidos, las discriminaciones contra los mexicanos nos unifican, pues nos afectan a todos.



 
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